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¿Qué ocurre?

¿Por qué algunas imágenes aparecen de repente?
¿Por qué están descolocadas?

La sinestesia provoca la estimulación de sensaciones propias de un sentido que no le corresponde: ver la luz, oír los colores, saborear las palabras. En Un Mundo Sin Sentidos se nos han colado impostores, imágenes que no corresponden con el apartado en el que nos hemos adentrado.

Mantente a la espera, ten paciencia, soporta la intromisión de estos impostores y obtendrás la recompensa.

Has desactivado la experiencia más dura del confinamiento.
Solo podrás llegar al final si vuelves a ella.

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Introducción

Yo he visto cosas que vosotros no creeríais [...]

Replicante Roy Batty
Blade Runner (1982).

La vida es siempre la última en enterarse de los cataclismos que la transformarán para siempre. En 2019, en China, el río Yangstse era el pie de foto de la imagen de rascacielos repletos de trabajadores; el metro abrazaba el desplazamiento de miles de personas sin distancias de seguridad; los mercados amanecían a cara descubierta, sin mascarillas que limitasen los olores de la naturaleza que contenían.
En 2019, la vida avanzaba con inercia por las calles de Wuhan, sin intuir que pocos meses después lanzaría desde lo más profundo de su garganta el más desesperado grito de auxilio.

El sentido de la web

Sabemos que las ciudades son también seres vivos. Cada ciudad huele a su modo, roza con una piel que solo ella tiene, cada ciudad sabe a sí misma, tiene su propia mirada, escucha unos susurros que solo a ella pertenecen. Una ciudad es un cuerpo sensitivo. Y aquel relato imposible de 2020 se desvivió por arrancarle sus sentidos. Esa web es un testimonio de la resistencia y la lucha de la ciudad por sobrevivir, de su sufrimiento y su reacción ante sinsentido de una vida con los sentidos amputados.

Esta web quiere ser la crónica de ese tiempo sin sentidos, dotar de memoria a unos espacios que se habían quedado sin alma, hacer inmortales unos días que parecían haber nacido muertos. Esta crónica tiene la forma de las fotografías de Eduardo Nave.

Pero no solo eso. Esta web desea mirar hacia dentro, palpar ese tiempo vacío, escuchar los rumores que nos dejó el silencio, olfatear el resto de vida de las flores y saborear sus sinsabores. Queremos llamar a la puerta de un pasado que está muy presente y preguntarle qué ha cambiado. Hay formas de la vida que se han desfigurado, rostros velados por mascarillas uniformes, pero… ¿Puede vivirse la vida de una forma distinta a la vida?

Cuando el mundo volvió a ser mundo, los seres humanos perseveraron en el regreso a sus vidas. Pero si para el tango veinte años no es nada, para la vida tres meses pueden ser una eternidad. Desde fuera vivimos más para dentro que nunca. Desde dentro, anhelamos más que nunca el mundo exterior.

Este proyecto tiene la intención de mezclar estos mundos tan cercanos en el tiempo tan diferentes en la vida. Combinar con sentido un tiempo que sigue siendo un sinsentido. Observar con atención la herida y preguntarnos cómo cicatriza, si es que lo está haciendo. 2020 es hoy como la Luna. Tiene una huella imborrable que no desaparecerá nunca. Nosotros nos preguntamos si es el primer paso de un nuevo camino o solo una anécdota que acabará siendo una simple marca en ese libro de pisadas que es la Historia.

Todo el mundo volvió sus ojos hacia Wuhan. Allí es desde donde todo empezó a cambiar, ni siquiera sabemos aún cuánto.

Un tiempo sin sentidos

Un teatro sin espectadores es solo un espejismo vacío de vida. Una flor que no perfuma apenas supone un trozo de nostalgia. Un periódico que no se lee es una ficción inverosímil. Una calle sin gente no existe. ¿Acaso es más que un gancho la mano incapaz de enlazarse con la mano deseada?

Hubo un tiempo en que nuestros ojos fueron ventanas; toldos, nuestros párpados; nuestras pestañas, celosías; nuestras lenguas, balcones desde los que degustábamos aire. Hubo un tiempo en que el mundo fue ficción porque no pudimos mirarnos, oírnos, olernos, tocarnos ni saborearnos. Fue un tiempo roto; un tiempo sin sentidos.

Este es el origen de nuestro proyecto, tratar de deslizarnos en el interior de ese tiempo roto: oler, tocar, oír, paladear y, sobre todo, mirar el vacío para que después el arte capte las elocuentes formas de su silencio.

Un puñal invisible ha herido la piel de nuestros sentidos. Pero, como escribió Schopenhauer, el destino solo marca las cartas, somos nosotros quienes las jugamos. ¿Y si ese tiempo sin sentidos no los destruyó, sino que nos enseñó a moldearlos?

En la extraña primavera de 2020 nos aventuramos por la ciudad deshabitada para poder creérnosla.

Queremos ser el aliento que dé vida a un tiempo que apenas fue, el pellizco en la mejilla que verifica que no estuvimos soñando. Pero, a su vez, la reacción a ese tiempo, un intento de comprender que el pasado es hoy y mañana.

Un tiempo sin sentidos quiere ser el paisaje exterior, el complemento visual, de unos días en que todos nos fotografiamos desde dentro y, al mismo tiempo, se dibuja como una nube con forma de interrogante que nos sigue en cada paso en el camino del presente y el futuro. ¿Hemos cambiado? ¿Cómo? Este proyecto quiere ser el reflejo de los anhelos que tenemos cuando advertimos la añoranza de nuestra propia vida.

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Un nuevo amanecer vendrá y nos hará olvidar toda la noche que hemos pasado juntos. C3PO decía que «estamos hechos para sufrir, es nuestro destino en la vida», y quizás tenga razón. Pero entre sufrimiento y sufrimiento, se abren huecos por los que proyectamos el futuro de una manera diferente.

Un futuro donde no hay sufrimiento, sino descanso. Tampoco hay muerte, aunque evidentemente sí que la hay. La habrá, pero todavía no. Mientras podamos escribir y fotografiar los tiempos que nos ha tocado vivir, entonces habrá una pequeña oportunidad de seguir estando vivos siempre.